ImageEl thriller es un género cinematográfico relativamente nuevo en el eje cafetero, lo que hace de ‘Zomberry’, el cortometraje que vienen realizando los estudiantes de Comunicación Audiovisual y Multimedios de la Fundación Univesritaria del Área Andina, una apuesta interesante para los nuevos productores de la región.

Desde la dirección de arte

“Los zombis deben ser lo más reales posibles y de esto depende en gran parte que los espectadores sientan tensión al ver el corto y que los actores no representen una situación humorística”, comenta el Director de Arte, Fabián Morales.

Para Zharannie Salemi, encargada del maquillaje, es el proceso de mayor rigurosidad en la producción: “Cuidar cada detalle del maquillaje de cada zombis es un reto, y lo es más, en el cambio de la apariencia de los protagonistas, porque allí es donde el espectador puede detectar con mayor facilidad nuestros errores, y la historia puede perder verosimilitud”.

Ambos ya desarrollaron la propuesta de arte basada en la carta del vestuario, que tuvo en cuenta la dimensión física, social y psicológica de cada uno de los personajes principales; la decoración de las diferentes locaciones generando ambientes de tensión y abandono; y el maquillaje, con elementos como látex, base corporal, labial, miel, agua y colorante vegetal rojo.

De igual manera, gran parte de la responsabilidad al momento de generar miedo e intriga durante su exhibición, será de la dirección de los actores, complemento indispensable para alcanzar el objetivo que tienen Fabián y Zharannie.

La producción

Los pasados 15 y 16 de mayo se realizó el rodaje del cortometraje que está produciendo el Programa de Comunicación Audiovisual y Multimedios de la Fundación Universitaria del Área Andina, seccional Pereira.

Con la participación de un equipo de casi 30 personas y luego de más de 48 horas de trabajo continuo, culminó con éxito la etapa de producción de este cortometraje que narra el holocausto zombi al que se encuentra avocada la humanidad por el mal uso que hace de sus smartphones.

Bajo la dirección del estudiante Juan Manuel Gartner y la producción de su compañera Lizeth García, el equipo cuenta ahora con más de ocho horas de material para iniciar el trabajo de edición y montaje en las salas especializadas de la Fundación Universitaria del Área Andina.

Las jornadas de trabajo se extendieron hasta las siete de la mañana, con la intención de recrear adecuadamente las locaciones de una narración soportada en la estética propia de los clásicos sobre zombis. De esta manera, el equipo de producción se dio por satisfecho con el material obtenido gracias al compromiso de los actores y demás miembros del proyecto.

Todos aquellos que quieran conocer más sobre esta producción pueden visitar el Facebook de cortozomberry, agregar a @corto_zomberry en Twitter o visitarnos en el lanzamiento el 13 de junio en el auditorio Pablo Oliveros Marmolejo de la Fundación Universitaria del Área Andina. Durante la emisión es posible dejar sus Blackberrys encendidas.

Zomberry, no se detiene, y el ‘holocausto de la humanidad’ pronto estará en las pantallas de la ciudad

Ficha Técnica:
 
- Guión y Dirección: Juan Manuel Gartner
- Producción Ejecutiva: Lizeth Díaz 
- Producción General: Juan Felipe Orozco
- Dirección de Fotografía: Steven Arenas y Jonathan Vargas
- Dirección de Arte: Fabián Esteban Morales
- Maquillaje: Zharannie Salemi.
- Foto Fija: Juana Patiño.
- Sonido: Juan Cano y Pablo Grajales
- Script: Luisa Monsalve
- Edición: Manuel Loaiza
 
Dirección del Programa de Comunicación Audiovisual y Multimedios, Fundación Universitaria del Área Andina, seccional Pereira

 

En el siguiente diálogo, el escritor cartagenero Roberto Burgos Cantor revela sus orígenes como novelista, habla de la importancia de la memoria y del descuido que existe sobre nuestra propia realidad.

Su cabellera ceniza sobresalía a la distancia, por encima de decenas de estudiantes que lo rodeaban y le pedían firmar su obra.

Roberto Burgos Cantor, lanza sobre el papel su nombre y a la vez da declaraciones mientras posa al lado de una niña de falda a cuadros y blusa blanca, quien le pide tomarse una foto.

“Estoy muy complacido de estar en Pereira”, dijo con voz pausada y serena en medio de jóvenes que lo esperaban en la biblioteca Otto Morales Benítez de la Fundación Universitaria del Área Andina, donde por espacio de una hora habló de literatura, historia y memoria.

El autor de novelas como La Ceiba de la memoria, El vuelo de la paloma y Señas particulares, ocupa hoy un lugar destacado en la literatura nacional. Sus obras son reconocidas por construir un universo propio y un estilo auténtico de narrar historias. Aquí, su testimonio y su pensamiento.

¿Cómo son sus primeros encuentros con la escritura y quién lo conduce por ese camino?

Tengo unos primeros recuerdos cuando estaba en el colegio. Depronto empecé a escribir sin ningún orden, sin ningún propósito. Lo que tengo claro de esa etapa es que se escribía por necesidad, porque nada explica que uno de niño deje el juego de basquetbol, o ese juego elemental en el Caribe, que es el juego de tapitas, para ponerse a escribir.

Entonces, hay una relación de necesidad que lo lleva a uno a escribir. No he indagado mayor cosa del por qué ocurría eso, pero allí estaba escribiendo, hasta que me vi metido en la revista de Manuel Zapata OIivella (Lorica 1920. Primer autor que exaltó en sus obras la identidad negra colombiana) y me vi metido en ese bello lío, que es la literatura.

¿Qué fue primero que escribió: cuento corto, ensayo o poemas?

Nunca he entendido por qué muchos escritores empezamos por un género que es de mucha exigencia, que es el cuento. Escribía cuentos. Con los años he llegado a la idea de que el cuento protege moralmente al escritor, porque cuando un cuento no funciona, uno lo nota de manera rápida. Uno lo descubre a las tres o a las cinco líneas y sabe que el cuento no funciona.

Con una novela, se da uno cuenta muy tarde y botar  50 o 60 páginas, creo que al escritor cachorro lo desmoraliza, lo destruye, lo desestimula…y por eso empecé por el cuento. Es que el cuento es una manera de autoprotección.

Hábleme un poco de sus hábitos como escritor, ¿escribe en las mañanas, en las tardes, a qué hora la resulta más cómodo para  usted?

Siempre escribo cuando puedo. Cuando he tenido épocas de laboriosidad como todos que trabajamos durante el día, escribo por la noche. Pero mi horario preferido es empezar en la mañana y seguir hasta las cuatro o cinco de la tarde sin parar. Ese horario me gusta, me estimula, me exige. En estos tiempos en que tengo obligaciones laborales en la tarde, escribo en el horario de la mañana. Pero siempre hay que arreglárselas para tener el tiempo de escribir.

Usted tiene una vocación clara con la memoria. Se percibe en su obra literaria. ¿Para usted cúal es la importancia histórica de la memoria?

Creo que hemos sido de alguna manera unos seres descuidados con nosotros mismos. Descuidados con nuestra propia realidad. Acobardados ante nuestros conflictos. La apelación a la memoria es una manera de saber qué se tuvo, de la huella que se deja, de la que dejaron los otros y de buscar caminos para seguir.

Usted es un escritor de gran aliento que se lee fuera del país, que se lee en Paris ¿Qué siente que su obra haya trascendido las fronteras?

Ese es un hecho fortuito. Recuerde que alguna vez le preguntaron a William Faulkner (Nobel de Literatura en 1950. Autor de la novela: El ruido y la furia) sobre, qué se necesita para escribir y el viejo zorro decía: 90 por ciento de transpiración y se reservó un pequeño porcentaje destinado a tener un poquito de suerte, que no le hace mal al escritor, y eso es lo fortuito.

Aprecio la lectura de lo mío porque de alguna manera la literatura es universal y también da un poco de aliento tener lectores distantes para ver si alguna vez terminamos de conocernos más.

¿Cómo ha hecho usted para mantenerse distante y no dejarse seducir por los medios de comunicación?

Cuidando el tiempo de escribir. El tiempo de escribir es tan exigente y lo que hay que escribir es tanto, que si uno se dedica solo a promocionar lo que escribe, deja de escribir.

¿Cuando escribe, se corrige y se relee mucho lo que escribe?

Ese fue un consejo solidario y generoso que nos dio Gabriel García Márquez, a Luis Fayad (Bogotá 1945. Uno de los mejores narradores latinoamericanos de la segunda mitad del siglo XX) y a mí. Nos dijo: a qué no saben lo que les voy a decir, lo descubrí en estos días: hay que escribir siempre en limpio. No se pare de su trabajo sin haber corregido: una línea que se escribe una línea que se corrige. Pero no acumule porque después es peor, es como volver a empezar.

Veo también que usted y su obra tiene recibo entre los jóvenes, ¿qué les dice a ellos?

Alienta mucho que esa distancia de años, de época y de lecturas, permita y tenga un lugar para lo que escribo. Eso por supuesto me enaltece, me reta y me propone alcanzar metas más complicadas.

¿Qué reflexión hace sobre las bajas cifras de lectura que hay en el país?

Creo que en los temas de la lectura debemos hacer un esfuerzo entre todos. Las políticas públicas han estado un poco desencaminadas. Se gastan muchas sumas de dinero cuando quizá habría que proponer otra vez colecciones de libros que estén al alcance de los niños y de los jóvenes. Tener más aprecio por nosotros mismos.

Veo lo que hacen las editoriales mexicanas, donde las bibliotecas públicas tienen el deber legal de comprar cierto número de ejemplares de los autores nacionales.

Uno mira lo que ocurre en Venezuela con la colección Ayacucho que es una maravilla. Entonces aquí hay unos esfuerzos como perdidos: la biblioteca familiar de la Presidencia de la República, las colecciones del Instituto Colombiano de Cultura, cuando así se llamaba.

Entonces hay que hacer un esfuerzo, quizá un pacto moral entre maestros, bibliotecarios, gestores culturales y nosotros los escritores, que estamos participando en este esfuerzo de construir lo público.

¿Cómo ve la nueva generación de escritores nacionales?

Hay un grupo estupendo. Uno de ellos es un escritor nuevo antioqueño, Pablo Montoya, que tiene una novela que se llama Los Derrotados, que años atrás escribió Lejos de Roma, que es un trabajo interesante.

Hay autores como Juan Esteban Constaín que me interesa, Juan David Correa, que luego de escribir su novela, hizo un reportaje sobre Armero riguroso y muy conmovedor. Hay un poeta como Rómulo Bustos en Cartagena y la poesía de Lucía Estrada en Medellín.

Los muchachos están haciendo un esfuerzo y están ocurriendo cosas. Hay un deseo de escribir sin someterse al requerimiento comercial que está tan de moda y que es tan tirano en estos días.

Texto y fotografía por Franklin Molano Gaona- Docente Programa Comunicación Audiovisual y Multimedios, Fundación Universitaria del Área Andina, seccional Pereira.

‘La piel que habito’ plasma un entramado psicológico en su argumento narrativo. El  protagonista asume un papel antagónico por la convicción de terminar un experimento comenzado hace seis años, surgido como un trabajo científico, pero que se convierte en el instrumento para vengar al violador de su hija, a quien utiliza como conejillo de indias.

Por otro lado, Vera (Elena Anaya), al comienzo del film, se nos muestra como una mujer hermosa y culta, pero cuando vemos que es observada por el doctor Robert Ledgard (Antonio Banderas) a través de una cámara instalada en la habitación donde intenta quitarse la vida, notamos que ella no está en ese lugar por voluntad propia y que el doctor no necesariamente es el príncipe azul de la historia.

La venganza se vuelve el único camino para desahogar la rabia del alma. Los dos protagonistas viven historias independientes, pero  el sentimiento de venganza hace que la vida los conecte en el mismo contexto, desafiando la naturaleza de lo prohibido, lo inverosímil, enfrentándolos a dilemas morales.

Se le reconoce a Pedro Almodóvar que a pesar de ser una película del siglo XXI no acude, siendo fiel a su estñetica, a los efectos especiales del cine de Hollywood para captar la atención del espectador, ya que nos logra enganchar al contenido de la historia con unas impecables actuaciones, con la originalidad del guión y por el cruce entre el mundo de lo ético con lo tabú mediante, por ejemplo, la intimidad entre un hombre y un transexual.

El pasado y el presente se acoplan con un tercer protagonista: la cámara. Su encuadre nos permite penetrar en la mente de los personajes y en la intimidad de su psique, graduando con maestría el suspenso, la intriga, la burla, el misterio, la incertidumbre, el egoísmo, el erotismo,  para lograr así un perfecto melodrama que incita a la lástima de quienes lo cargan en su hombro. Beatriz Maldivia (2011), escribió acerca de esta mezcla de géneros que se describen en ‘La piel que habito’, definiéndolos de manera sui géneris en un film autónomo y embarrado de un estilo muy almodovariano, inspirado en el cine clásico y fiel a su ideología de libre albedrío en su natal comunidad Castilla-La Mancha. Así mismo, Almodóvar refuerza ese equilibrio entre lo ridículo y lo sublime gracias a un guion que facilita al espectador la información necesaria, pero de forma fragmentada, que no entorpece la producción de la historia, a cuya progresión contribuyen el color, el tono y la atmósfera, estimulando el interés del espectador por saber cómo acabará todo.

Un desgarrador violín  acompaña las escenas contundentes, estimulando el oído y las emociones que producen los detonantes narrativos.

Los planos son preciosos, y por cierto le vienen muy bien al ritmo la película: “La fotografía de José Luis Alcaine acompaña esos grandes planos de composiciones muy estudiadas que le gustan al cineasta para armar una reproducción de grandes espacios diáfanos, limpios y de un blanco aterrador” (Maldivia; 2011). A pesar de la escasez de escenarios, los objetos que en ellos habitan construyen la personalidad de los actores: al comienzo, en el cuarto de Vera, vemos muñecos de plastilina y pelotas gigantes envueltas en retazos de tela que después de cierto tiempo, nos relacionan con su gusto por la moda. Igual sucede con el laboratorio de Robert, en lo más aislado de su casa, maneja una estética macabra, muy de catacumbas, donde desentierra su enferma codicia.

En definitiva, es una verdadera sorpresa argumental. El final es impactante, porque la película a lo largo de la trama construye mentalmente un desenlace casi seguro, pero en los últimos 10 minutos renace la venganza, llega el odio, la muerte aparece, el pasado emerge del alma en un abrir y cerrar de ojos,  dejando en vilo la imaginación del espectador.

 

Ficha técnica:

Dirección: Pedro Almodóvar

País: España

Año: 2011

Fecha de estreno: 02/09/2011

Duración: 117 min.

Género: Drama

Reparto: Antonio Banderas, Elena Anaya, Marisa Paredes, Blanca Suárez, Eduard Fernández, Fernando Cayo, José Luis Gómez, Bárbara Lennie, Jan Cornet, Roberto Álamo

Guión: Pedro Almodóvar

Distribuidora: Buena Vista International Spain

Productora: El Deseo S.A., World Cinema Fund, Buena Vista International Spain, Televisión Española (TVE), Canal+ España, FilmNation Entertainment.

 

BIOGRAFÍA

Maldivia, Beatriz (2011) ‘La piel que habito’, hasta dónde puede llegar el amor de un loco. Blog de Cine, una oferta que no podréis rechazar. Recuperado el 27 de Marzo de 2012, de
http://www.blogdecine.com/criticas/la-piel-que-habito-hasta-donde-puede-llegar-el-amor-de-un-loco

http://cine.estamosrodando.com/filmoteca/la-piel-que-habito/ficha-tecnica-ampliada/

 

Por Luisa Monsalve, estudiante de V semestre de Comunicación Audiovisual y Multimedios, Fundación Universitaria del Área Andina, seccional Pereira.

¡Coroné la vuelta!

Posted: abril 25, 2012 in Uncategorized

Mis piernas temblaban y mis manos sudaban cada vez más.
Ya me encontraba ahí, a punto de halar la puerta del supermercado. Debo confesar que no quería hacerlo, que solo quería correr y escapar de ese lugar.
Pero no podía, en la esquina estaban todos mirándome. Unos con ansiedad y expectativa, otros rechazo y rabia, seguros de que no lo lograría.
Caminé lentamente simulando tranquilidad y poca prisa. A juzgar por la hora, el supermercado era más visitado de lo usual.
Recorrí la sección de carnes frías con la mayor calma posible. Saqué del bolsillo trasero del pantalón una hoja doblada en cuatro. Cualquier persona pensaría que me disponía a revisar la lista de artículos que necesitaba comprar.
En realidad no era así. Necesitaba un motivo para poder realizar la vuelta y demostrarle mi hombría al Gato y a todo el parche que me esperaba en la esquina.
Mire con alegría y nostalgia la marca de esos labios rojos impregnados en esa hoja barata de libreta telefónica.
Al recordar sus labios y su cuerpo ardiente, me resultaba imposible no pensar en él, que había llevado a María la noche anterior a mi casa, como regalo adelantado por haber coronado mi primera vuelta. La vuelta que estaba a punto de hacer.
Llegué a la sección de víveres, pero me pareció absurdo que la razón de mi primera vuelta fuera una papa o un pedazo de yuca. Ya podía oír las burlas y los comentarios de todos al sacar de mi chaqueta un pedazo de yuca y mostrarlo como la razón de haber coronado.
La verdad esto no me parecía nada varonil. Así que para darme fuerza pensaba en que yo sí podía, que todo era cuestión de meterle ganas y voluntad y qué mejor motivo que María. Ella sería la razón por la que lo lograría.
Miré de nuevo la marca de los labios en el papel, tomé aire e involuntariamente una sonrisa de confianza apareció en mi rostro mientras guardaba el invaluable pedazo de hoja en mi bolsillo trasero.
María ama el trago, en especial los tragos fuertes. Yo no comparto mucho ese gusto por el licor, confieso que siempre he preferido un buen café o un moka frente al alcohol.
Pero bueno, mis gustos importan poco.
- Mi primera vuelta será en honor a María- me dije en voz baja pero con seguridad frente a toda la oferta de licores.
¿Cuál será el más fuerte? ¿Eso debe de ir de acuerdo al precio? En cuanto más caro, más fuerte pensé. Miré todos lo tragos de la estantería y ninguno tenía la etiqueta con el precio, así que me tocó elegir sin certezas.
En casa de mi padre no podía faltar el ron, nunca supe la razón. Pero si mi padre siempre lo consumía es porque es bueno, pensé. Siempre ha sido demasiado complicado con sus gustos.
Cogí la botella de ron. Miré hacia los lados y no había nadie cerca. Me aseguré que el fierro estuviera en su lugar.
Caminaba con firmeza hacia la caja registradora. Por estar más visitado el lugar que lo usual, la fila para pagar estaba considerablemente larga.
Miré con insistencia tratando de contar cuántas personas había delante de mí. Pero no lo conseguí. Toda mi atención se centró al encontrar a aquella mujer embarazada haciendo la fila. Era hermosa, su barriga redonda como una pelota le daba una belleza particular.
No podía aceptar ni imaginar que le pasara algo a ella y a su bebé y mucho menos que yo fuera el responsable. Así que esperé como un cliente normal que la fila avanzara y llegara mi turno.
Movía la botella de ron de una mano a otra. Cada vez estaba más nervioso pero trataba de disimularlo tocando mi cabello y mirando hacia los lados.
Esta situación me hizo recordar cuando el Gato me dejó a solas con María.
Era evidente lo que sucedería pero no sabía cómo empezar y ella, a pesar de su experiencia dejó que yo hiciera y tomara la iniciativa de todo.
Comencé ofreciéndole algo de tomar. Ella me pidió vino para iniciar la noche, pero debido a mi poco gusto por el trago no tenía nada de licor en mi casa.
Sentí vergüenza, esa es la palabra correcta. Para empezar lo había hecho mal. Ella no profundizó en el tema. Era obvia mi falta de experiencia. Ella solo sonreía mientras se sentaba en el sofá y trataba de colocarme tema de conversación.
No recuerdo qué conversamos, solo que yo estaba sentado al frente de ella y asombrado de tanta belleza. No podía creer que semejante hembrita sería la primera en estar en mi cama.
María llevaba puesto un jean azul ajustado, que inevitablemente resaltaba su cadera y su buena cola. Una blusa de tiras blanca, de escote profundo que dejaba a la imaginación la naturaleza de sus tetas.
Su piel morena, cabello largo, cejas definidas, labios gruesos y sensuales, abdomen plano, muslos, nalgas y tetas firmes, hacían de María una diosa. Pero en especial no podía dejar de imaginar el cómo se había hecho esa cicatriz que dejaba al descubierto la pretina del pantalón y el borde de su blusa.
Creo que ella mencionaba algo de sus aspiraciones y pasiones. Justo ahí mencionó su gusto por los tragos fuertes e hizo una pausa.
¿Quieres saber? Me preguntó, mirándome con seguridad pero con tono suave. No supe qué decir ni cómo reaccionar, era claro que se había dado cuenta de que no dejaba de mirar la huella de esa herida en su abdomen. Ella se paro y caminó hacia mí, se sentó a mi lado y susurro en mi oído – Tranquilo-. Fueron sentimientos encontrados a causa de ese olor penetrante, atrayente y sensual que encajaba a la perfección con su figura.
Me le lancé encima como un lobo hambriento caza a su presa. Ella cerró los ojos y la besé con fuerza y ganas desenfrenadas, le abrí las piernas mientras ella quitaba mi correa y desabrocha mi pantalón. Descendí entre sus tetas firmes y naturales, mientras acariciaba su abdomen y rosaba su cicatriz. Metí mis manos entre su blusa y desabroché el sostén. Ella quitó mi camisa y su blusa. Me pidió que fuéramos al cuarto. Mientras íbamos, la abracé por detrás, desabroché su pantalón mientras besaba su espalda, ella acariciaba mis brazos y agarraba con fuerza mis manos.
En el cuarto me dejé caer sobre la cama, después de haberme quitado el pantalón. Ella se quitó sus tangas y se me montó encima. Mis hormonas y mi pulso iban acelerando y una ola eléctrica descendió por mi cuerpo hasta mi miembro. Me monté encima de ella y la penetré de forma brusca y fuerte, ella gritaba de dolor pero me pedía más. Mi inexperiencia y la emoción del momento me hacian ser áspero y violento al trabajar con empujones sobre ella. Entre gritos y berridos me decía que siguiera.
- Siga señor, por favor, es su turno-, fue lo que alcancé a oír cuando la señora que se encontraba detrás de mí haciendo la fila para pagar, tocó mi espalda. Le entregué la botella de ron al man que estaba en la caja registradora. -¿Algo más?- me preguntó. Toda la plata de la caja. -¿Cómo?-. -Que toda la plata de la caja, está sordo, ¿o qué?- le dije mientras sacaba el fierro y le apuntaba a la cabeza.
Las viejas gritaban como para desgañitarse la garganta. A mí me temblaba todo pero disimulaba mis nervios aparentando rabia y acosando al man este, que a decir verdad parecía más una loca que un man.
Me entregó todo la plata con las manos temblorosas y yo me reía, pero más que una burla era una risa producto de los nervios. Cogí la botella de ron y salí corriendo, pensando en ir a buscar a María y celebrar con ella.
Cuándo escuché un estadillo y sentí que algo atravesó mi pulmón derecho. Todos mis pensamientos se pusieron en rojo, mientras caía sobre el asfalto y oía a la loca gritar “¡coroné la vuelta!”.

Imagen tomada de: http://www.taringa.net/posts/imagenes/2549574/Te-gustran-los-fierros-te-llevo-a-dar-una-vuelta.html

Por Johana Hincapié R., estudiante de segundo semestre del Programa de Comunicación Audiovisual y Multimedios, Fundación Universitaria del Área Andina, seccional Pereira.

Mi hermano siempre quiso ser veterinario, y lo logró. Yo siempre quise ser futbolista y tuve la oportunidad de cumplir mi deseo hasta que mi rodilla derecha me lo impidió, a causa de una rotura de ligamentos cruzados ocasionada por un jugador adversario que parecía no conocer las reglas básicas del juego.

Juan Pablo Montoya desde muy pequeño quiso correr en la Fórmula 1. Condujo un carro por primera vez a muy corta edad, solo en el momento en que su padre estuvo seguro de que conociera las normas básicas para ello. Por mucho que el hoy corredor de las Nascar Series pataleó, el sentido común le indicó a quienes lo formaron en dicha disciplina, que era inconveniente que el pequeño acelerara sin saber que un semáforo en rojo significaba que debía detener la marcha, por su seguridad y la de los demás.

Otra cosa hubiera sucedido en el presente de Montoya, y quizá en el futuro de muchos de los que nos relacionamos directa o indirectamente con él, si sus profesores hubieran decidido dejar su aprendizaje en manos de alguien que desconociera la importancia de dominar las reglas básicas del deporte –o la disciplina- antes de iniciar su práctica.

Si alguien que no sabe manejar un carro pide el mío prestado, lo primero que me interesaría hacer es explicarle: “Rojo, pare y verde, siga”. No quiero que ese aprendizaje lo obtenga solo a través la repetición de acciones, por más relevantes que ellas sean. No quiero que aprenda esta sencilla lección cuando por casualidad, a la quinta vez que pase un semáforo en rojo, destruya mi carro, en este caso, con un alto impacto adicional para la seguridad e integridad de terceros. Quiero que lo aprenda antes de que eso pase.

La práctica es fundamental en cualquier aprendizaje. Sí. Pero es poco rentable, en términos de tiempo, esfuerzo e incluso motivación, pretender enseñar esperando que los aprendices interioricen conocimiento pertinente para un desempeño particular, sin conocer y dominar las reglas básicas de dicho ejercicio, acción o disciplina que se enseña. Bien hubiera podido tener eso en cuenta el que formó al que me reventó la rodilla de una patada. El juego limpio como regla básica de los deportes, por no decir, de la vida misma. Adiós rodilla. Adiós sueño.

Por eso, si su deseo es comunicar, en cualquiera de sus modalidades, usted solo será exitoso, y el ejercicio comunicativo será efectivo, si conoce las reglas básicas de la comunicación. Parece obvio. Si quiere que lo oiga su interlocutor, use un tono de voz adecuado y un volumen que lo permita. Si no lo hace, es posible que, aun si está diciendo cosas impresionantemente brillantes y sobrecogedoras, su esfuerzo no sirva de absolutamente nada.  ¿Qué queda de la Quinta Sinfonía de Beethoven interpretada o grabada y emitida con fallas básicas en el sonido? Lo mismo que pasaría si la obra maestra de la literatura colombiana se llamara ‘Sien, anos de Zoledad’. Comunicación no efectiva. Adiós Nobel.

Si quiere por tanto comunicar desde lo escrito, debe no solo utilizar un estilo acorde con la intencionalidad y el alcance del texto, sino conocer las reglas básicas de ortografía y redacción. Y digo, por ahora, las básicas.

Pero si quiere ser comunicador y, en ese sentido, usar la escritura como un mecanismo para hacerlo mediante una novela, un cuento, un texto periodístico, un guion, los créditos o subtítulos de un audiovisual, la reseña de una exposición fotográfica, una página Web, debe entonces ya no conocer únicamente las reglas básicas, sino dominar las reglas ortográficas y gramaticales a profundidad.

Si opta usted por perseguir su sueño, sea el que sea, sin comunicar, de seguro fracasará. Si se decide, además, por perseguir uno que implique la dedicación a una disciplina de la Comunicación, como la audiovisual y la mutimedial, es su deber escribir bien. Y para ello hay que saber, antes de oprimir la primera letra en el teclado, qué son palabras agudas y cuándo llevan tilde, así como todas las reglas ortográficas y de redacción que le permitirán, como a Juan Pablo Montoya, no aprender la lección del “rojo, pare” luego de fracturarse cuatro costillas por amor al arte.

En un país en el que la cultura y el sentido común indican que las normas y reglas están hechas para ser incumplidas, lo que nos ha condenado a una historia llena de obstáculos autoimpuestos que impiden el logro de niveles superiores de desarrollo económico con equidad y el alcanzar una paz duradera, me niego a que las universidades sigamos graduando estudiantes que escriban y no entiendan la importancia de cumplir las reglas ortográficas. Me niego a prestar mi firma para graduar comunicadores que parecen creer que la ortografía consiste en escribir con el orto.

Las universidades no podemos seguir justificando nuestra propia ineficiencia en la transmisión de competencias lecto-escritoras en las evidentes falencias de la educación básica para hacerlo. Eso sería como decir que está bien robar porque estamos en un país de ladrones.  Y así, qué pena con ustedes, no es la cosa.

Imagen tomada de:http://migueleliaspumarejo.blogspot.com/2011_07_01_archive.html

Por Santiago Gómez Mejía- Director del Programa de Comunicación Audiovisual y Multimedios, Fundación Universitaria del Área Andina, seccional Pereira.

Hola:

Sé que la embarré. Sé que estás ‘salido de los chiros’, pero como muy bien lo escribió William Sakesperare en Romeo y Julieta “en el amor los dos son los culpables”. Y en esta relación tú también tienes la culpa.

Te he llamado y no me contestas. Estuve pegada al timbre de tu apartamento y no me quisiste abrir. Fui a ese bar del centro de Pereira donde todavía suenan canciones en acetato y allí nadie me dio razón de tu paradero…….Dónde putas estás…¡¡¡dónde te metes!!!

Te escribo estas líneas no solo para recuperar tu presencia sino para contarte que mi semestre corre serio peligro. Las notas de los primeros parciales no pasan de un vergonzoso 2.5 y de seguir así deberé regresar a mi natal Palmira, ardiente población al norte del Valle del Cauca, donde tú sabes que la vida fácil circula por las calles y lo único importante de esa locación es ese disco Palmira señorial que hizo famoso la Billos Caracas Boys. ¡Esa no es mi vida!

Pero lo que es más grave. Pierdo mis materias por ese minúsculo y diagonal grafismo que se debe marcar para señalar el acento de las palabras. Esas malditas tildes se han convertido en mi dolor de cabeza y lo que es peor, esas pequeñas rayitas me acuerdan cada vez más de vos.

Pero el drama crece. Descubrí que tengo problemas para distinguir qué palabras se escriben con b larga y con v corta. En un control de lectura en la clase de Actualidad, me preguntaron sobre la venta reciente de la cervecería más importante del país y respondí que esa empresa había sido adquirida por una firma inglesa. La respuesta me daba confianza y me dije:

–Listo. Esta sí la paso.

A la semana siguiente, cuando el profe devolvió las pruebas, me subrayó con lapicero rojo, que cerveza se escribe con v corta al igual que venta. La indignación me corrió por el cuerpo. También descubrí que tengo problemas para distinguir las palabras que se escriben con g y j, fallas que jamás pensé me obligarían a buscarte de nuevo.

Recuerdo que alguna mañana me burlé de tu pequeña biblioteca, donde encontré gruesos y pesados diccionarios. Te pregunté:

–¿Estos libros, además de trancar puertas, si sirven para algo?

Me miraste con cierto desprecio y respondiste:

–El prestigio de un buen escritor empieza por su ortografía. Es como la higiene. Es algo básico, sentenciaste.

La verdad te lo confieso, esa mañana no te paré muchas bolas. Días después me dijiste que debería invertir algún dinero en comprar un buen diccionario.

–Duran toda la vida. Me dijiste.

Mi desidia era palpable. Para el trabajo de radio, obtuve dos notas: un 4.5 por la buena lectura frente al micrófono y un 1,2 por el trabajo escrito, que tuvo como tema central la Historia de la Radio en Colombia. En el escrito se destacaron deficiencias en partición de palabras y confusión en vocablos que terminan en ción y sión, lo que derivó en una nueva pérdida

Pero la ira se colmó con Introducción a la Comunicación. Para esa asignatura era necesario presentar un ensayo sobre Jürgen Habermas, que me demandó dos semanas de lecturas y debate con mis compañeros. Las seis páginas tenían problemas, como me dijo el docente, de forma y de fondo. En la primera hoja me escribió: El apellido Habermas lleva H.

En otro párrafo me escribió: “Usted no distingue entre palabras agudas y graves”, y para cerrar evidenció una serie de deficiencias con respecto al uso de esas palabras, que tienen existencia real e independiente llamadas sustantivos con aquellas que califican o determinan al sustantivo, los adjetivos.

Como si fuera poco, en la última página el docente añadió: “no hay claridad suficiente sobre la crítica que usted quiere desarrollar acerca de los aportes de Habermas a la comunicación de Occidente”. Esto rayó con la incompetencia. Me dije. Por eso te busco.

Sé de tus destrezas para juntar palabras, para redactar corto y concreto, pero sobre todo para hacer de mañana esos huevos revueltos con tomate y cebolla que en verdad hoy extraño. Busqué ese escrito que alguna vez me hiciste, el cual hablaba de los dos abrazando el día y cómo el silencio de tu alcoba se rompía cuando yo hacía chichí en tu baño. El texto no lo encontré.

Pero para persuadirte de que vuelvas, desempolvé un poema de Ramón López Velarde titulado Ella, escrito, según tú, hace 100 años, y que alguna vez tiraste por debajo de la puerta de mi apartamento:

Esta novia del alma

con quien soñé algún día fundar el paraíso

de una casa risueña

y echar pescando amores en el mar de la vida

y redes a la usanza de la edad evangélica.

Es blanca como la ostia de la primera misa

Que en una azul mañana miró decir la tierra

lucen negros tus ojos la túnica sombría

y un ungir, las heridas las manos beneméritas.

Dormir en paz, se puede

sobre sus castos senos de nieve,

que beatos se hinchan como frutas

en la edad de Cristo, celeste jardinero.

Tiene propiedades hondas

y  los labios de azúcar

que por su grave porte se asemeja

al excelso retrato de la virgen

pintado por San Lucas.

 

¡Búscame!

Por Franklin Molano Gaona- Docente Programa Comunicación Audiovisual y Multimedios, Fundación Universitaria del Área Andina, seccional Pereira.

Cada vez más comentaristas y críticos de arte, de literatura, de cine, de televisión, refuerzan la idea de que el ser humano es un ser que no puede vivir alejado de la narración.  Es más, hay quienes consideran que hasta los discursos científicos y tecnológicos son formas de narración puesto que también cuentan la experiencia que viven unos personajes en una situación específica.

Siguiendo este planteamiento, las nuevas tecnologías demuestran hoy que el arte de contar historias continúa vigente.  Basta con acercarse a cualquier página de la red para darse cuenta del afán de la humanidad por contar lo que ve, lo que siente o lo que piensa, a través de imágenes, videos, música o texto.

Se habla entonces de la narrativa digital con la cual “se pretende contribuir a la comprensión, descripción, valoración y análisis de eso que podríamos también llamar, siguiendo a Xavier Berenguer, narrativa interactiva: una nueva forma de narrar que se estaría configurando gracias al aprovechamiento estético de las tecnologías digitales de la comunicación y, específicamente, al uso del hipertexto, entendido, siguiendo a Landow, como  una forma de textualidad digital en la que los vínculos electrónicos unen lexias, o fragmentos de textos, que pueden adoptar la forma de palabras, imágenes, sonido, vídeo, etc., promoviendo una lectura multilineal, multisecuencial o no lineal, y trasladando, así, parte del  poder de los autores a los lectores.” (Rodríguez, 2010, pf. 5)

La narrativa digital se constituye en una nueva forma de contar la realidad y la ficción empleando para ello la tecnología de la red y concediendo al nuevo lector la oportunidad de interactuar con un texto que, en este caso, puede estar constituido además por imágenes y sonido.

Según Alejandro Rodríguez, “la narrativa digital se puede definir como un objeto virtual capaz de poner en dinámica no solo una dimensión técnica (la utilización de recursos audiovisuales y de las nuevas tecnologías de la comunicación), sino una dimensión estética. Esto es, la posibilidad de afectar la experiencia sensible a partir del uso artístico de esas técnicas, con lo que entreteje un tipo peculiar de relato: el relato digital.” (2010, pf. 6)

El autor citado hace hincapié en un aspecto fundamental de este modo de narrar, y es el empleo de la tecnología desde la dimensión estética.  Significa esto que no basta con saber manejar equipos o software desde el punto de vista de la técnica, sino que a ese saber es imprescindible agregarle la dimensión artística para contar buenas historias desde la forma y también desde el contenido.

En un ambiente virtual como el de internet, en el que cualquier persona puede crear páginas, portales, blogs, y en el que hay acceso casi ilimitado a las redes sociales, es común encontrarse con miles de historias que la mayoría de las veces conservan un interés personal o limitado a unos cuantos usuarios. ¿Cómo hacer entonces para crear y subir a una plataforma virtual historias de interés para millones de usuarios?

La respuesta a esta pregunta podría ser la misma que se sugiere para aquellos que pretenden escribir y publicar historias impresas o audiovisuales: crear relatos basados en arquetipos universales en donde la vida, los hechos, las preguntas más profundas de un personaje correspondan con las de muchos seres humanos de cualquier cultura o lugar del planeta.  Que cuando ese lector-usuario de la red encuentre esa historia se identifique con algo de lo que vive ese personaje y piense que eso también podría pasarle a él.

Los clásicos de la literatura y del cine no se cansan de repetir que su trascendencia en el tiempo y en el espacio se debe a que sus personajes encarnan la visión de mundo de miles de seres humanos del mundo.  El Quijote, las obras de Shakespeare, las de Marcel Proust, las de Carlos Fuentes. O películas como Casablanca, La naranja mecánica, La lista de Schindler, Lo que el viento se llevó, deben su permanencia en el tiempo no solo a que cuentan la historia de un grupo de seres humanos de una forma diferente, sino además porque esos seres humanos asumieron preguntas que hombres y mujeres se han planteado durante todos los tiempos sobre el amor, la muerte, la vida, la eternidad, la guerra, dios y el diablo, o el bien y el mal.

El reto de los nuevos contadores de historias que navegan y crean para la red es el de producir relatos de calidad que sobresalgan en esa telaraña infinita donde pululan historias de todo tipo, pero donde muy pocas se destacan.  Para ello es indispensable recurrir a los grandes narradores de cine, de televisión, de literatura, pues ahí se encuentra la base del conocimiento sobre el arte de narrar.

Además de ese saber, a quien publica historias en la red se le exige creatividad para enlazar los elementos de la historia, para establecer coherentemente los vínculos y conducir al lector hacia diferentes interpretaciones de la historia, hacia diferentes espacios, tiempos, es decir, para incitarlo a jugar con los personajes, con la estructura, con el texto.

Y aunque la estructura de los relatos tradicionales se rompe con mayor fuerza en la narrativa hipertextual, quien publica en la red debe ser un maestro en el manejo de esa estructura: inicio, nudo y desenlace, y un maestro en la manipulación de los elementos básicos de cualquier narración: narrador, personajes, tiempo y espacio.  Se unen el conocimiento y la creatividad a la técnica para generar historias que involucren al lector con el autor y con el texto en un acto de creación conjunta que se renueva cada vez que un lector se acerca a lo creado.

La narración hipertextual se convierte así en una historia inacabada, casi infinita puesto que está sujeta a los cambios que cada lector quiera registrar en ella.  Y el éxito del autor se mide entonces por el número de visitas de lectores activos que se arriesgan a seguirle el juego.

Como se planteó anteriormente, ninguno de los juegos propuestos por el autor debe restarle a esta manera de contar historias su intensión de producir belleza y placer, pues ese ha sido siempre el objetivo de quien escribe novela o cuento, de quien produce historias para cine o televisión.  Si bien es cierto que todo texto lleva implícito otro texto, es decir, que detrás de toda historia hay planteamientos que el autor no dice abiertamente, esa intensión de decir algo más con pistas, no ha sido impedimento para que los contadores de historias en otros formatos o lenguajes las produzcan como obras de arte.

Igual debe suceder en la narrativa hipertextual: la anécdota es importante, el argumento, el deseo de expresar una crítica a la sociedad o a la cultura, al ser humano o a la época en que se inscribe la historia, son elementos inherentes al relato.  Pero en esa creación siempre ha prevalecido el afán por crear obras bellas.  El escritor a través del lenguaje, de la manipulación de la estructura de la historia y de sus elementos.  El realizador de cine o de televisión mediante el lenguaje de la imagen en movimiento, de la fotografía, del sonido, o la caracterización de personajes. Lo que se busca con ello es generar en el lector o espectador un placer estético que conmueva su espíritu, que despierte sus emociones y lo haga llorar o reír no por la historia en sí misma, sino por la forma en que es narrada.

El reto de quienes se enfrentan hoy con la narrativa hipertextual, es el de crear obras de arte que superen a las que no poseen estas características y circulan por la red atrayendo seguidores-lectores que no se comprometen con la historia porque no les genera ningún interés.  Es atraer hacia sus creaciones lectores activos que no “volteen la página” cuando se la encuentran, porque además de creatividad en el diseño encuentran palabras de seres con los que se identifican y con quienes desean compartir sus propios miedos, sus éxitos o sus fracasos.

Bibliografía:

LANDOW, George P. Hipertexto 3.0. Traducción de Antonio José Antón Fernández. Barcelona: Paidós, 2009.

RODRÍGUEZ RUIZ, Jaime Alejandro. Teoría, práctica y enseñanza del hipertexto de ficción: El relato digital. En: http://www.javeriana.edu.co/relato_digital/. Consultado el 13 de febrero de 2012.

Imagen tomada de: http://www.ilhn.com/datos/practicos/datosjueves/archives/001920.php

Por Inés Emilia Rodríguez- Docente Programa Comunicación Audiovisual y Multimedios, Fundación Universitaria del Área Andina, seccional Pereira.