Hoy en día encontramos que el mercado audiovisual es altamente competitivo y son cada vez más los grupos de jóvenes realizadores que toman la iniciativa de consolidarse como empresa; pero ¿cómo lograr hacerse visible ante la amplia oferta existente? ¿cómo alcanzar cierto nivel de reconocimiento y prestigio? Es en este punto cuando el discurso de construir un buen reel (la suma de nuestros trabajos como realizadores y productores) y hacer hoja de vida cobra importancia.

A lo largo de la carrera realizamos varias piezas en las que es posible evidenciar el crecimiento tanto técnico como conceptual y argumentativo. Son precisamente estos productos los que se convierten en nuestra primera imagen de presentación como realizadores audiovisuales ante el mercado laboral.

Pero ante las distintas producciones universitarias de carreras afines con el audiovisual, ¿cómo hacer para qué unas sean más representativas y tengan mayor peso frente a otras?

Actualmente la realización de muestras, eventos y festivales audiovisuales ha tomado fuerza y hoy es posible encontrar numerosas convocatorias con temáticas libres y/o definidas para que realizadores universitarios den a conocer sus productos mediante diversas ventanas de exhibición y en algunos casos recibir un reconocimiento económico o simbólico como resultado de una premiación.

El participar en estas convocatorias y lograr estar entre los finalistas o ser parte de los ganadores de una de las categorías, se convierte en un elemento que marca la diferencia y proporciona mayor peso frente a otras hojas de vida, además que brinda reconocimiento y ayuda al posicionamiento de un realizador o de una marca como productora que se esté desarrollando.

Es por esto que desde la orientación brindada en el asignatura de Mercadeo de Medios, se llevó a cabo la búsqueda de convocatorias nacionales en las que producciones universitarias tuvieran cabida y contribuyeran al desarrollo de nuestros productos audiovisuales y fuera posible hacerlos visibles en más escenarios y para más espectadores.

A continuación les presentamos una tabla de los diferentes festivales, muestras, y/o convocatorias encontrados para los que pueden aplicar producciones realizadas por estudiantes universitarios:

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Investigación realizada por:
Johanna Hincapié Rendón
Estudiante VI Semestre
Comunicación Audiovisual y Multimedios
Fundación Universitaria del Área Andina, seccional Pereira
jhincapie@funandi.edu.co
@HincapieJoha

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Jorge Luis Crowe se levanta en las mañanas, agarra su ‘bici’ y parte hacia la Universidad Nacional Tres de Febrero (Untref) donde es profesor en la licenciatura de Artes Electrónicas y en la Maestría de Artes Electrónicas en Buenos Aires (Argentina). Luego se dirige hacia el Instituto Universitario Nacional de Arte, donde da clase en posgrado de Teatro de Objetos Interactivos y otros medios. Integra además el colectivo de Tecnología para niños y como proyecto personal está al frente del laboratorio de juguetes. “Una vida tomada por la docencia”, dice Crowe en las afueras del Teatro Los Fundadores en Manizales (Caldas), donde fue invitado como ponente en el XIII Festival Internacional de la Imagen. “Para mí la idea es crear con la mano, y no detenerse. Es darle curso a materializar las cosas que estén a mano, ya sea con una cámara de ocho megapíxeles, un celular, una cámara fotográfica analógica o si es papel y un carboncillo, en hora buena”.

¿Cuál es el camino más adecuado para que los estudiantes se enamoren del audiovisual?

Vivimos en un entorno audiovisual muy poderoso, y entonces ya contamos con un territorio allanado. A mí lo que me interesa es mezclar lo audiovisual con el material. Que los estudiantes puedan pasar del proceso de factura manual de las cosas y que haya un vínculo fuerte con la realización manual.

Que haya confianza en los materiales con que se cuentan. Intentar no sentirse detenido por la falta de recursos tecnológicos. Utilizar la cámara que haya, las luces que se tengan, –si es que las hay– y confiar un poco en los materiales personales y en las ideas, más que el entorno técnico.

Que no haya condiciones en cuanto a las historias, especialmente cuando se trabaja con jóvenes o con niños, o sea, intentar no limitar el discurso. Confiar en los contenidos, incluso si aparecen temas que sean polémicos, que pueden ser de reflexión, pero intentar a priori, no direccionar o no conducir los contenidos o los mensajes hacia ningún territorio.

De acuerdo a lo que me ha dicho, ¿Usted cree mucho en ‘el hacer’?

¡Siiiii! Yo creo que es terriblemente emporedador. Es decir, en un mundo dominado por las ideas, recuperar el amor por la factura manual de las cosas es importante, sobre todo en la infancia y en la juventud, que ya están tomadas por el mundo de la tecnología y las pantallas táctiles –que las considero maravillosas–, pero hay que estar atento a que no ganen terreno. Que los estudiantes pertenezcan al torno, a la aguja, al formol, al pincel, a la tijera y al destornillador. Es estar atento a que se le dé espacio al hacer y a la factura manual, eso eleva la autoestima, genera confianza y autoconciencia de poder transformar la materia de manera creativa.

Ha comentado, que los docentes tienen una tendencia a decirles a los alumnos cómo hacer las cosas y poco se deja que el alumno proponga. ¿Cómo enfrentar este aspecto?

Ni siquiera yo estoy exento de eso. Yo me encuentro todo el tiempo bajándoles línea a los alumnos y me muerdo la lengua cada vez que intento reprimirlos. No hablo de una situación que yo haya superado, es algo que nos pasa a todos.

Crecimos con una vocación conductista y somos un poco esclavos de eso. Hay que verbalizar con los muchachos y decirles las cosas. No voy a decir nada nuevo, pero el rol del docente debe ser, crear el espacio para que las cosas sucedan más que provocarlas. Se debe crear un entorno donde esté la sapiencia del profesor y la habilidad del alumno, más hoy, cuando los estudiantes tienen un conocimiento de la tecnología infinitamente superior que tiene el profesor y sé que maestras y maestros se sienten desafiados por eso.

Los docentes tenemos un conocimiento fruto de la experiencia de la vida que es determinante y que nos pone en otro lugar. Si bien, no conocemos la última aplicación o la más reciente herramienta tecnológica, pero si generamos un espacio para que las cosas sucedan y tenemos la predisposición natural de sostener y guiar ese proceso, las cosas que sucedan, van a ser súper poderosas y profundamente formativas.

¿Qué recomendación ofrece usted para enfrentar a estudiantes muy pasivos y a los muy extrovertidos?

Con los muy pasivos intento una primera aproximación para atraerlos y si no es así, espero para que vean que sus compañeros la están pasando bueno y están haciendo cosas interesantes, entonces ellos terminan por integrarse.

Y con los muy inquietos, les doy tareas jerárquicas: que distribuyan las herramientas o que sean mis asistentes. En general esos chicos están acostumbrados a ser los ‘niños problema’ y ponerlos en una situación jerárquica con respecto al resto de los compañeros, los coloca en una situación especial con respecto a sus compañeros. Nada funciona por la fuerza. Estas no son prácticas que me he inventado yo, pero funcionan.

¿Cuál es el perfil del realizador audiovisual de hoy?

Creo que las cosas que nos conmueven, nos movilizan y nos generan cuestionamientos siguen siendo las mismas desde hace miles de años, así hayan cambiado los soportes y los formatos, pero finalmente siguen siendo las mismas cosas.

Tenemos mejores cámaras y ahora podemos hacer cosas más complejas, pero deben ser cosas que conmuevan, que sean honestas e integras, y si las cosas están hechas desde ese lugar, eso me toca. Entonces aquel lenguaje que está hecho por un verdadero realizador me toca la esencia y me moviliza hacía algún lugar y eso para mí resulta suficiente.

Entrevista realizada por:
Franklyn Molano Gaona
Docente
Comunicación Audiovisual y Multimedios
Fundación Universitaria del Área Andina, seccional Pereira
fmolano@funandi.edu.co

Comentario acerca del libro “Balas por encargo” del escritor pereirano Juan Miguel Álvarez 

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La venganza es un demonio, un parásito tan oscuro que se aferra a nuestra alma consumiéndonos y alimentándose de nosotros poco a poco para crecer, y así hacerse más fuerte, dejando un cascarón vacío que con el tiempo tiende a evaporarse liberando sus partículas que flotan por el cosmos.

Éste tipo de historias llenas de odio, miedo y sangre son muy común en un país como Colombia, donde un niño que crece en medio de la violencia y las drogas, va formando su camino pavimentado de cadáveres con tan solo recibir un arma de algún extraño, el cual al ofrecerle una buena paga, un vehículo y balas, lo compra para así volverlo su lacayo y dejar caer sobre él, el manto de la muerte.

En el texto (Balas por encargo – Editorial Rey Naranjo, año 2013), se relatan diferentes tipos de historias de sicarios, cada uno con el mismo destino que el anterior. La muerte, pero con un trayecto muy diferente, uno más temido que el otro, uno con un problema psicológico mucho más serio que los demás, uno que sobrevivió a todo esto, con la oportunidad de poder contar su historia. La forma en como sobrevivió de la maquiavélica mano de Ancizar Porras (Alias Rambo), tal vez uno de los más temidos en este relato.

Ancizar Porras (Alias Rambo) conocido sicario, un loco por completo que amaba asesinar sin importarle nada, escapar en varias ocasiones de su mano asesina, algo que pocos en este oficio logran hacer. Temido tanto por otros matones como por políticos, recorrió un largo camino con el que dejó tras de él a muchos cadáveres.

Lo que tienen ellos en común, por muy macabro que parezca, es que amaban lo que hacían, no tenían remordimientos de nada. La venganza para ellos era algo que alimentaba ese amor por el asesinato. Las disputas entre familias era lo que ocasionaba tal odio. Esto acompañado de la falta de educación y las condiciones en las que el país nos pone a los colombianos, que nos arrastran cada vez más a elegir la delincuencia, cruzar esa delgada línea entre el bien y el mal.

Un país donde las oportunidades son mínimas, los pobres deben rebuscarse el dinero de cualquier manera. Algunos con las agallas o el desespero que los hace llegar hasta límites inimaginables, y esto genera violencia.

Al igual que la despreocupación de su pueblo por estos actos, que los toman a mal pero por otra parte están siendo hipócritas, ya que rechazan de la peor manera estos actos violentos como los asesinatos y el narcotráfico. Pero a su vez compran los productos que el crimen usa para llenar sus bolsillos. Así que todo es como una paradoja, o un bucle interminable dónde una cosa alimenta la otra y viceversa.

Los sicarios de este país son como caballos desbocados. Toros sueltos en plena corrida por las calles de España. Entran en un frenesí asesino del cual es imposible pararlos. Sólo se detienen cuando han cumplido y saciado su sed de sangre.

Temidos por muchos, tanto gente de sus barrios, como políticos con grandes cargos en el gobierno. Los que no le temen o quieren controlarlos, los usan para su propio beneficio, sus matones a sueldo.

Las personas, victimas y demás solo pueden ver impotentes como estos demonios bajo la piel de hombres hacen y des hacen a sus anchas en un país lleno de cicatrices y remiendos.

Las historias contadas en este libro -del autor Juan Miguel Álvarez – habla de las ciudades de Pereira y Cartago. Yo, como ciudadano de Cartago (Norte del Valle) he oído historias por parte de mi padre, quien le tocó vivir ese periodo donde los sicarios mataban por doquier. Bueno, ahora lo hacen también, pero antes era un descontrol total.

A cualquier niño que vieran sin un futuro por delante lo reclutaban en su ejército de la oscuridad, les daban un arma y para entrenarlos les decían. “Salga al pueblo y mate a todo aquel que tenga una camiseta de color rojo, así mejora la puntería y coge finura”.

Usaban la droga como esa energía extra para realizar sus deberes sin ninguna compasión, y cuando simplemente sus jefes los veían como un estorbo o ya no los necesitaban, los mataban sin pensarlo dos veces.

En conclusión esto no ha acabado, pero en este país la violencia es constante, en unos pueblos siempre está presente. Aunque a veces es como un carrusel. Tiene fechas altas donde todo se calienta, y sus bajas donde es un poco más relajado. Pero siempre con la mirada asesina y la muerte sobre nuestros cuellos.

Escrito por:
Diego Pamplona
Estudiante III Semestre
Comunicación Audiovisual y Multimedios
Fundación Universitaria del Área Andina, seccional Pereira
dpamplona@funandi.edu.co
@CerealKillerD

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Vivimos en un país, en el que un día cualquiera, saliendo de nuestras casas podemos ser amenazados con armas de fuego, ser víctimas de robo y hasta matarnos, y para la mayoría de los colombianos es normal. Es una realidad que en el país, la situación de la violencia sea aceptable, que nos hayamos acostumbrado a las clases dominantes ávidas de poder y dinero, que trivialicemos la vida y no nos apropiemos de la gravedad de lo que vivimos, y elijamos resignarnos en lugar de exigir términos más equitativos en asuntos económicos y sociales.

En Colombia, un país en donde cada día mueren 48 personas en hechos violentos[1], nos quejamos pasivamente de las injusticias que a diario nos muestran las noticias, pero luego salimos a vender nuestros votos por cualquier cosa, que sin duda, no se compara con el valor de elegir bien al que con sus propuestas, quizás, pueda mejorar la situación de violencia de la que ya estamos atestados.

Esa misma conciencia que vendemos, es la misma de esos jóvenes que son comprados con dinero y motos, para matar a los que no pagan una deuda, a los que ofendieron, a los que intentan hacer de este país un mejor lugar o simplemente, al que esas personas llenas de poder, a esas, a las que indirectamente beneficiamos, decidan acabar sin ningún problema.  Y sin ningún problema, por la facilidad con la que pueden conseguir los medios para cometer el delito, y porque aunque existan consecuencias legales en teoría, en la práctica, no se ven reflejadas.

Pero peor aún es la insensibilidad ante el horror de la violencia. La indiferencia con que miramos cometer un crimen y seguimos caminando tranquilos por la acera, sin importar lo que pase con nuestro prójimo. Ese sentido de solidaridad que reemplazamos por el egoísta individualismo, que permite acostarnos sin cargos de conciencia en la noche, sin importar si solo dejamos que robaran al que estaba sentado al lado en el bus, o si matamos a nuestro vecino a tiros por pelear con nosotros horas antes. Ese cinismo que nos caracteriza por criticar al ladrón, sabiendo que hacemos lo posible por evadir impuestos.

En este, el país de la alegría y de las personas más felices del mundo[2], los niños de corregimientos pobres de todas partes del país, caminan kilómetros de distancia, sin desayunar y en ocasiones sin zapatos, para llegar a centros educativos poco equipados para las labores que pretenden realizar.

En este país, donde la justicia solo alcanza para aquellos que tengan un alto poder adquisitivo, las oportunidades laborales y educativas, siempre son para los mismos que hacen favores por debajo de la mesa, y los que se rifan el país por pedazos, con la excusa de mejorar los daños que hacen los de su mismo talante.

Pero al fin y al cabo, no nos importa que tengamos que esperar horas a que nos atiendan en un hospital, sabiendo que es un derecho que velen por nuestra salud, si no es a mí al que me toca. No nos duele que nuestro esposo o padre abuse violentamente de nosotros, si no es a mí al que le que le quedan las secuelas físicas y emocionales. No nos afecta que nuestros hijos no tengan que comer en las noches, si no son los míos lo que sufren de desnutrición. No interesa vender mi voto, si a cambio recibo algún beneficio económico. Y después tenemos el descaro de decir que nosotros no somos los violentos.


[1]
Estadísticas de medicina legal 2014

[2]  Según el Barómetro Global de Felicidad y Esperanza 2014, Colombia es el país más feliz del mundo.

El estudio es  realizado en 65 países por la red Mundial de Empresas Independientes de Investigación de Mercados (WIN-Gallup International)

Escrito por:
Katheryn Ramírez
III Semestre CAM
kramirez9@funandi.edu.co 

Fotografía extraída desde:
http://1.bp.blogspot.com/_MPPMAICP3zE/TEWPuMkNLoI/AAAAAAAAsmk/5v8U9tXDlQ4/s1600/robo-auto.jpg

 

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La amplia oferta existente en el mercado de consumo masivo y la gran variedad de productos ofertados han conllevado a la modificación de algunos de los principios base del cómo hacer publicidad, con el fin de fidelizar al comprador y evitar que este adquieran bienes sustitutos; es decir, evitar que el usuario elija o compre otro producto diferente al de nosotros.

1. Introducción

Actualmente, las marcas y las empresas buscan estar presentes en cada uno de los contextos en los que el usuario se desenvuelve, encontrándonos así con estrategias de comunicación comercial de 360 grados o integrales. Estas involucran compradores tradicionales (que están en un solo canal o medio de compra), multicanal (que están en múltiples canales o medios de compra) e incluso omnicanal (que están en todos los canales o medios de compra); al incluir estrategias comunicativas como ATL, BTL, CRM, Packaging, Free Press, Trade Marketing y publicidad digital.

Las formas de comunicación han pasado de ser referenciales en su papel puramente económico e informativo para convertirse en relacionales, es decir, la publicidad se ha transformado en una función persuasiva que involucra emocionalmente al usuario. Esto porque aquellas marcas que constituyen su lenguaje desde lo emotivo, llevan al consumidor a adquirir el producto por la imagen y los valores simbólicos que este alberga en sí mismo (personalidad de marca). De esta forma la persuasión no es entendida como manipulación sino como inducción, una influencia desde el psique la cual trata de hacer-hacer o hacer-creer al receptor como lo define María José Peréz Serrano, en su artículo El valor de la creatividad en la comunicación publicitaria audiovisual de calidad.

A la hora de planear una campaña publicitaria lo ideal es partir de una investigación del público objetivo y del mercado. Esta información aportará a la construcción del brief publicitario, el cual es considerado por Jon Steel en su libro Truth, Lies and advertising como un medio para un fin, ya que este se encarga de informar al equipo creativo de las diferentes agencias publicitarias y demás compañías de comunicación, sobre las necesidades e intenciones de un cliente y sus productos. Dentro de este entorno de comunicación, por supuesto, es que muchos comunicadores audiovisuales y de multimedios pueden encontrar oportunidades laborales, ya sea como realizadores de contenidos o partícipes de múltiples procesos de creación.

Por esto el saber cómo difundir masivamente un mensaje de manera rentable, eficaz y oportuna, es posible mediante la planificación de medios, la cual determinará qué medios y plataformas difundirán la campaña publicitaria de acuerdo a las características del público objetivo evidenciadas en los resultados de la investigación.

Por ejemplo, si quisiéramos mejorar las estrategias de comunicación que buscan atraer nuevos estudiantes al programa de Comunicación Audiovisual y Multimedios, lo ideal sería partir de alguna investigación. Así, suponiendo que esta revelara que los estudiantes pertenecientes a grados diez y once de los colegios del eje cafetero que tienden a estudiar carreras profesionales con énfasis en audiovisual, hacen mayor uso de redes sociales y páginas web, el Programa debería considerar la publicidad digital como una de las opciones primordiales en su estrategia.

2. Hablando del Brief y el Plan de Medios

Recogiendo lo dicho por Jon Steel, un buen brief debe contener información concreta y esencial que aporte a la construcción de una campaña comunicativa, no que elogie al producto. Los objetivos deben ser claros e identificar el mensaje que se quiere transmitir. Definir y conocer a quién nos estamos dirigiendo ayuda a plantear de la mejor forma posible el mensaje. Ya que cada persona que lo reciba y no se encuentre dentro los posibles consumidores, será un impacto pagado no deseado, ¿Esto que nos quiere decir? Dado que los espacios de pauta en los diferentes medios son accesibles a través del pago de un valor económico, las campañas no se pueden dar el lujo de llegarle a otro tipo de consumidores con necesidades distintas a las de su público objetivo, puesto que no generará una acción o respuesta en él. Esta es una acción que va en oposición al fin de la publicidad, el cual pretende convencer a alguien (o a una comunidad) de tomar cierta actitud en relación a determinada cosa o estado de cosas, determinado objeto, fenómeno o evento, así lo describe Ricardo Bustamante en su ensayo El propósito como principio de la agencia y el brief publicitario (en preparación para ser publicado).

El papel principal que cumple un brief publicitario es el de comunicar e inspirar al equipo creativo. Esto, a partir de la síntesis de toda la información que se recolecta del comportamiento del cliente en la investigación del consumidor. Siguiendo a Steel, el brief debe lograr tres objetivos principales: (1) Dar el equipo creativo una visión realista de lo que debe lograr y a dónde debe llegar la campaña publicitaria. (2) Proporcionar información clara sobre el producto o servicio, esto para darle finalmente: (3) un claro direccionamiento al mensaje. De ahí que el plan de medios sea en parte el resultado de la información encontrada en el brief, puesto que en este punto deben elegirse los medios que mejor respondan al propósito y al valor creativo de la campaña.

Ahora bien, debido a que en esta segunda etapa del desarrollo de la comunicación comercial —la construcción del plan de medios— es de vital importancia concretar los objetivos que se desea alcanzar en cada una de las intenciones comunicativas, para esto es fundamental la identificación del público objetivo en la construcción del brief, ya que esto nos ayuda a determinar qué necesitamos para que las piezas publicitarias sean diferentes respecto a la actividad de la competencia.

El análisis de la estrategia general de comunicación es la que da paso a la selección de medios y soportes en los que será expuesto el mensaje publicitario. Aunque esta decisión se encuentra sesgada por el presupuesto disponible para la campaña en cada una de sus etapas (investigación, planificación, ejecución y publicación) es primordial buscar el alcance óptimo de la audiencia del medio escogido y el público al que pretendemos llegar, de acuerdo a sus características y a los períodos de vigencia y desarrollo de cada propuesta publicitaria.

Existen varias clases de propuestas que pueden surgir en el desarrollo de un plan de medios. Por ejemplo, podemos plantear una difusión a través de una combinación de medios, en la que generalmente suele elegirse uno como principal y uno o varios de apoyo. Este caso se vio evidenciado en la realización del ejercicio El Rápido al inicio del semestre, en el que debíamos producir una campaña dirigida principalmente a televisión, pero con un paquete de piezas publicitarias complementarias en medios como: radio, prensa e internet (digital).

No obstante, también es posible encontrar propuestas de difusión que hacen uso simplemente de un medio y, en ocasiones, hasta de un único soporte. Por ejemplo, podemos diseñar una estrategia comunicativa en la que se promocione y se invite a estudiar Comunicación Audiovisuales y Multimedios a través de un spot de treinta segundos que será transmitido por los canales regionales; esto en caso de que, supongamos, nuestra investigación revele que los estudiantes estudian lo que sus papás deseen y, a su vez, sus papás solo vean televisión regional.

Para finalizar, digamos que sin importar cuáles sean las tendencias de publicidad y las conclusiones evidenciadas en el desarrollo de la construcción del plan, la divulgación de la propuesta comunicativa debe estar dirigida a la creación de nuevas experiencias del consumidor, desde la emoción y la diversión. Puesto que estos elementos y valores agregados son lo suficientemente atractivos como para consolidar al receptor y lograr que él se dirija hacia la marca, y no al contrario.

Escrito por:
Johanna Hincapié R.
VI Semestre CAM
@hincapiejoha

Infografía de José David Palomares. Extractada desde:
http://www.josedavidpalomares.com/2013/05/6-pasos-para-el-desarrollo-de-una-estrategia-en-medios-sociales/

 

“Cultura, es el aprovechamiento social del conocimiento” 

Gabriel García Márquez

Convencionalmente, el término cultura se entiendo como: esa  totalidad compleja que implica el conocimiento, la religión, la filosofía, las artes, los derechos, la moral, las costumbres y cualquier otro talante, relacionado con el ser humano en sociedad. Hablamos de una definición tan desbordante, que a lo largo de la historia, se le ha otorgado amplios significados.

Múltiples autores han estudiado este universo de conocimiento, no logrando llegar a una definición precisa, ya que cada cual la entiende, de un modo muy diverso. Por ejemplo, el escritor peruano Mario Vargas Llosa, en su breve discurso sobre la cultura, define a ésta,  como: la  suma de factores y disciplinas que, según un amplio consenso social, la constituían y ella implicaba: la reivindicación de un patrimonio de ideas, valores y obras de arte, de unos conocimientos históricos, religiosos, filosóficos y científicos en constante evolución y el fomento de la exploración de nuevas formas artísticas y literarias y de la investigación en todos los campos del saber.

En contrapuesto a esto, el escritor Zygmunt Bauman en su libro “La cultura en el mundo de la modernidad líquida”, testifica que la cultura, ya no es signo de evolución y conocimiento: “ha dejado de ser un discurso que habla de mejorar la vida de todos para convertirse en un discurso de supervivencia personal “expresa el escritor en su texto.

En conclusión, Bauman expone que el consumismo concibe que la cultura,  no se forja como un medio para satisfacer necesidades, sino para crear necesidades nuevas.

Si bien, la rapidez del vivir, nos transforma en personas convenientes, preocupadas por satisfacer nuestras necesidades sin percatarnos de que tan relevantes son, tal como lo describe  Bauman; no podemos dejar de lado los grandes avances culturales presentes en la actualidad, (la disminución notable de la alfabetización, la NASA, la Internet, entre otros), destacando así, la definición dada por Llosa.

Olvidamos que la cultura como objeto de  reflexión, ensoñación y pensamiento, es inherente a la realidad, y que sobre ella, recae la irresponsabilidad del ser humano por su sed de satisfacción rápida,  que poco a poco, olvida los diversos y hermosos significados de la cultura.

 

Escrito por:

Manuela Morales Ortiz, estudiante de III Semestre

Programa de Comunicación Audiovisual y Multimedios

Mmorales22@funandi.edu.co

El próximo domingo 2 de marzo se entregan en Los Ángeles los premios Óscar, sin duda los más publicitados galardones de la industria del cine. ¿Qué tan importante puede ser para un comunicador audiovisual y multimedios estar al tanto de ese evento? ¿Son los premios –este y otros similares– una clave para determinar qué películas veremos o deberíamos ver? Aparte del hecho de ser uno de los espectáculos televisivos más costosos con más de seis meses de preparación, hay algo alrededor de la figura del dorado calvito que suscita curiosidad, cuando menos.

Cuando consultamos la cartelera de cine para decidir qué película ver encontramos que las opciones disponibles son producciones en su mayoría de origen norteamericano. Muy pocas veces disponemos de la alternativa de ver cine de otras nacionalidades. Cierto que en los últimos diez años, desde que tenemos una Ley de Cine, es posible ver estrenos de películas nuestras que de manera tímida pero constante y algunas veces con éxito coronan las taquillas. Casos como Soñar no cuesta nada, Rodrigo Triana, 2007 o las ya infaltables historias producidas por Dago García hacen un balance valorable desde el punto de vista de la taquilla. Y en otros casos, algunas cintas como la mexicana No se aceptan devoluciones, Eugenio Derbez, 2013, impactan la pantalla de modo singular. Pero son excepciones a una regla que desde hace unas décadas domina la escena de exhibición de cine en Colombia: el mercado es de las películas estadounidenses. Y esto no sucede solo acá, es un tema global con contadas excepciones. El asunto es que no siempre fue así.

El cine mundial ha tenido como parte de su estrategia de comercialización los grandes premios otorgados por los gremios en cada país o por los festivales más prestigiosos. El reconocimiento que recibe una producción incide positivamente en su éxito comercial. El efecto de un premio es que los distribuidores deciden qué películas llevar a los cines. Por supuesto, no es el único factor pero es innegable que cuando el espectador contempla el palmarés de una cinta en su afiche promocional se siente más que inclinado a verla… confía en que es una buena película. La certificación de un premio es la declaración de principios de determinado jurado que considera esa cinta una obra digna de ser apreciada. Y entre más importante sea el premio, mayor confianza despertará en el público.

Los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos, conocidos popularmente como Óscar, tienen una historia ya casi legendaria y siguen siendo el reconocimiento más anhelado por muchos realizadores del mundo. Entregados por primera vez en 1929 para premiar a las cintas producidas entre 1927 y 1928, su ceremonia de entrega es uno de los espectáculos televisivos más vistos en el mundo. El premio es entregado por los miembros de los cinco grandes sindicatos del cine: actores (el mayoritario), guionistas, directores, productores y técnicos. Gremios que están simbólicamente representados en los cinco radios que componen cada rollo sobre los que se alza la figura calva y dorada de Óscar, apoyado en una espada que bien puede ser analogía de la diosa de la Justicia o simple nostalgia de un mundo caballeresco ya desaparecido. Cualquier persona que tenga experiencia en producciones con capital estadounidense y que pague la membresía, puede ser miembro de cada gremio y adquirir el derecho a votar. Se sabe que al menos tres colombianas lo son: Paola Turbay, Sofía Vergara (que cuenta con el récord de 37 nominaciones por su estelar en la serie cómica Modern Family; es una broma que seguro la barranquillera celebraría) y la única con una candidatura al Óscar como Mejor Actriz Protagónica, Catalina Sandino quien recibió la nominación por su papel en María, llena eres de gracia en 2004. Está también John Leguízamo, el reconocido actor neoyorquino que ha logrado triunfar en la gran pantalla y en especial en el teatro. El bogotano de nacimiento es sin duda alguna, un norteamericano más de los cientos de inmigrantes latinos que llegaron al suelo del imperio anglosajón para hacerse una vida, en su caso en la gran pantalla.

Pero el Óscar no es el único premio que se otorga cada año para reconocer la producción y el arte del cine contemporáneo. Tampoco es precisamente el más apreciado entre los cinéfilos y los realizadores. Hay preferencias y casi que cada país donde se hace cine tiene su propia estatuilla; incluso nosotros tenemos el Macondo del cual hablaremos más adelante.

En la tierra donde un diciembre de 1895 naciera el cine y décadas más tarde surgiese el movimiento de la Nueva Ola y con ella el concepto de cine de autor, hay dos premios con larga tradición y peso. Según la crítica especializada el más prestigioso premio es la Palma de Oro y lo otorga el Festival de Cannes en Francia desde 1939. La característica más significativa de Cannes es que acoge como candidatas, películas producidas en todo el mundo. Curiosa o irónicamente, según se quiera leer, el país con mayores galardones es Estados Unidos. Además concede premios compartidos en empates muchas veces bastante controvertidos. Cannes se ha distinguido por su elegancia y por ser a la vez la plataforma de lanzamiento de muchas nuevas estrellas e incluso de estrellas de momento, en pura clave de farándula glamorosa.  

Francia tiene una política de protección al cine francés muy dura, en una clara y abierta declaración de guerra al cine norteamericano. Cannes pareciera ser una zona franca. Las películas francesas son reconocidas con el César que se otorga desde 1976 y cuenta con 19 categorías. Sin embargo, es innegable que pese a los esfuerzos de la Academia Francesa de Cine, la penetración en el mercado del cine de sello hollywoodense ha terminado por imponerse en las pantallas, o al menos, por darle cara al cine nacional sin importarle que para su exhibición deban doblar al francés todas sus películas.

En Alemania tienen el Oso de Oro con sus distintas versiones y categorías. Catalina Sandino obtuvo un Oso de Plata [compartido con la ‘monstruosa’ Charlize Theron, en 2004], siendo hasta ahora la única colombiana que ha alcanzado tal logro. La cinematografía alemana que tuvo su largo cuarto de hora con el Nuevo Cine alemán de los 60 y 70 con Herzog, Wenders, Fassbinder y muchos otros tras el encuadre perfecto, sobrevive gracias a las subvenciones del gobierno, la televisión privada y algunos organismos paneuropeos que persisten en la idea de un cine fuerte y de peso nacional. En la Semana de Berlín (la Berlinale) donde se otorgan los Osos, se muestran y premian cintas de diversas partes del mundo, haciendo un énfasis particular en los últimos años en el llamado cine independiente o marginal.

Justamente el Festival de San Sebastián, en España, que entrega la Concha de Oro ha logrado mantenerse como uno de los premios más valiosos e impactantes de la industria cinematográfica por la arriesgada combinación, en sus categorías de elegibles, del cine norteamericano y del cine de sello independiente o de tradiciones nacionales de cine periférico. La Donostia, o semana de San Sebastián, se ve año tras año ambientada con la presencia de las grandes celebridades del cine mundial y de reconocidos directores y productores, a la par de los anónimos y discretos realizadores del mundo casi oculto del cine. España también cuenta con el Goya, un premio dado por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, de creación más bien reciente si se tiene en cuenta la antigüedad de los otros galardones. Los Goya han no sólo contribuido a apoyar la industria española que no escapa a la crisis mundial sino, el cine iberoamericano que en los últimos años aumentó su cuota de presencia a través de las coproducciones. Películas como El secreto de sus ojos, Juan José Campanella en 2010 y la recién premiada Azul y no tan rosa, Miguel Ferrari, de Venezuela, atestiguan esa intención. A los Goya aspiró la película colombiana El Rey de Antonio Dorado en 2004.

En Inglaterra donde florece una de las escuelas actorales más poderosas de la industria cinematográfica la British Academy of Films and Television Arts entrega desde 1948 los premios Bafta, en calendario siempre previo a los Óscar y casi como calco de los premios angelinos. No existe ya la fuerza que en algún momento de la historia tenía el cine británico para hacer la diferencia. Pese al carácter benéfico de la Academia que se esfuerza por reconocer los logros del cine insular, la sombra cada vez más grande de los estudios norteamericanos se alza peligrosa sobre una de las tradiciones fílmicas fundacionales. No por nada las mejores escuelas de documental del mundo están en territorio inglés.

El Festival de Venecia, arrancando en 1932 es el más antiguo del mundo, se ha caracterizado por ser el epicentro de los estrenos de las grandes producciones de Hollywood en Europa, y de ciertos directores como Woody Allen, Quentin Tarantino, Jim Jarmusch. El León de Oro sigue rugiendo con fuerza pero su bramido ya no marca territorio, aunque su prestigio no declina. Avalado por Federación Internacional de Productores Cinematográficos, Venecia es uno de los pocos festivales clase A. Allí ha ido nuestro cine con directores como Víctor Gaviria, Felipe Aljure y Sergio Cabrera.

Los festivales con sus premios y los gremios nacionales con los suyos, proveen a los cinéfilos y realizadores de todo el mundo de una detallada base de datos de las películas que se destacan en los distintos renglones que exige la producción audiovisual. Observar con atención los listados de los ganadores en las diversas categorías permite orientar el gusto, canalizar la expectancia fílmica y enriquecer la experiencia de producción. Es tan significativo el efecto de los reconocimientos sobre la industria que incluso el cine independiente –que pretende apartarse del círcuito comercial dominante– tienes los propios creando ya un referente para los cinéfilos, la crítica especializada y los nuevos realizadores: por eso vale mencionar al Sundance Festival, el Festival de Toronto, Tribeca, entre otros.

En nuestro país se han presentado varios intentos por crear unos premios otorgados por un gremio de la industria cinematográfica consolidado y fuerte. Solo en los años recientes y con mucho esfuerzo y más bien tímidos logros, se creó la Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas que para este año espera entregar el Premio Nacional de Cine Macondo a las producciones de 2013 entre las que figuran como nominadas a Mejor Película: La playa D.C. Juan Andrés Arango; La sirga, William Vega; Chocó, Jhonny Hendrix Hinestroza y Roa, Andi Baiz, al lado de otras 15 categorías. No hay mucha información al respecto, lo cual no es una buena señal pensando en la continuidad y el reconocimiento por parte de los colombianos. El asunto es serio. En nuestro cine todo es serio (léase: crítico), siempre lo ha sido y al parecer así lo será. La idea de los premios es apenas un índice narrativo bastante revelador.

Treinta años atrás, tal vez más, en las salas de cine de nuestro país cuando no existían los multicines, se veían películas de muchas partes del mundo. Y si el cine comercial no permitía el acceso a producciones por fuera del circuito norteamericano, los cine clubes asumían ese reto y lo cumplían eficazmente. Pereira fue una meca del cine clubismo nacional. Hicimos historia… que ya se perdió y que por lo visto a nadie le importa recuperar. Es importante mencionar esto en relación con el tema de los premios mundiales al cine porque como decíamos al comienzo, la distribución y la exhibición de cine se orientan en parte por esos indicadores, no solo por la taquilla.

¿A quién le corresponde cambiar el panorama actual de la cartelera nacional? Mejor aún, ¿es posible cambiarlo? ¿Tendrán alguna idea al respecto la Dirección de Cinematografía o Proimágenes? ¿Será que la Academia con sus muchos programas universitarios dirigidos a la realización audiovisual puede o debe decir algo? Hemos avanzado en nuestra industria produciendo 10 o 15 películas al año pero… ¿cuántas de esas pueden hacer la diferencia? Cierto que logramos apoyar la realización de cortos con la ventana obligatoria de exhibición en salas nacionales, pero, ¿es suficiente? Hay cine maravilloso rodando por todo el planeta… ¿por qué no podemos verlo en una sala de cine?

El cine norteamericano es parte de la historia del cine mundial. La calidad de sus producciones es incuestionable en los casos más singulares y destacados. Grandes directores, guionistas, actores, fotógrafos, sonidistas… y sí, talentosos productores, nos han legado muchas obras maestras y muchas buenas películas. Y las nominadas este año son una prueba tangible de ese aporte. El asunto no es dejar de ver cine estadounidense, el asunto es poder ver más… mucho más de todos los rincones donde se invoca el mantra: “¡luces, sonido, cámara, acción!”

 

Por Luis Aldana Vásquez

Docente del Programa de Comunicación Audiovisual y Multimedios

Fundación Universitaria del Área Andina, Seccional Pereira.