Liderazgo comunicativo en la educación por competencias

Publicado: octubre 15, 2011 en Uncategorized
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La tarea de las instituciones educativas dentro del rol de formadores de profesionales está en su capacidad de adaptación a las necesidades del mercado laboral y en la formación de profesionales capaces de satisfacerlas. La conversión de la sociedad de un ente cerrado a uno abierto, reconocido como aldea global a partir de los grandes avances tecnológicos, la cada vez más creciente facilidad de acceso a la información y la saturación de redes sociales, abrieron paso a la integración del concepto de competencias, como evidencia necesaria en la activación de profesionales aptos para el desempeño de sus labores.

Comprender y aprehender la filosofía orientadora de la educación por competencias y entrar en la colectividad de una movilización en pro de su accionar, permite entender la educación ya no con un sentido unívoco del saber, sino bajo la compresión de “la formación universitaria, concebida  como la capacidad de pensar la realidad social a partir de los intereses más locales, y a partir de esta comprensión, permitir la relación de tensiones y acercamientos entre el plano local y otros planos más amplios y, en este espacio de entendimiento, emprender el reto de las mejores jugadas” (Orozco, 2000, p.125-126)

Aquí está el campo de acción desde la academia, la institución y la docencia, tres sujetos que participan de manera importante dentro de los procesos de educación competente, con la continuación de la formación de ciudadanos capaces de cambiar realidades desde lo formativo, repercutiendo eficazmente en lo laboral. El reto está en demostrar que a partir de un modelo pedagógico por competencias, los sujetos en formación proporcionan mayores y mejores niveles de eficiencia, de desempeño,  de competitividad. De esta manera, el quehacer del docente debe apuntar a generar procesos educativos que trascienden la linealidad de la transmisión de la información, a través de metodologías activas y participativas, que enfocan el aprender- haciendo, potencializando un aprendizaje activo, desde las técnicas de acción, con la perspectiva de las experiencias directas, donde el resultado de la estimulación de las inteligencias es percibido en el saber hacer en la vida y para vida, el saber ser, el saber emprender, el saber vivir, el saber comunicar, en el saber innovar y cambiar, en el saber interpretar información y finalmente posicionarse en un futuro a través del análisis de tendencias sociales, políticas, económicas, culturales y demás.

La universidad entonces, pasa de tener una vocación directa de formación profesional a ser una institución capaz de formar en una actitud investigativa, desde el reconocimiento de  las habilidades, las destrezas, las capacidades de los estudiantes, promoviendo la autonomía de una conciencia, la problematización abierta y plural, desde la argumentación teórica y académica y desde el primado de una verdad sobre la utilidad, con el reconocimiento y respaldo de una ética del conocimiento.  Para ello, se vale del liderazgo como una capacidad que entra en el juego formativo, sea innato o adquirido, pero que, funciona como inyector de motividad hacia un colectivo para cambiar el estado de las cosas, enseña y guía, pero al tiempo se permite la apertura, la evolución, la flexibilidad, la consecución de una finalidad que es responzabilizante dentro del proceso de comunicación, para alcanzar el desarrollo.

El liderazgo comunicativo como potencializador del diálogo intercultural, permite romper la cadena donde: “El estudiante actúa como el homo sapiens: mira, diseca, separa, analiza, gasta, desgasta, descompone, deteriora, acumula, envenena, divide, opone, domina, teoriza pero al final, deja las cosas tal como están” (Naranjo, 2007, pág 24). Y esta ruptura se genera desde el uso de la buena comunicación, no solo como componente de los simbolismos culturales, aquella que se reduce a una mera acción de difusión y diseminación de información, sino como proceso y práctica. Desde los usos de la herramienta de comunicación inmersa en la educación competente, se contribuye a construir tejido social, se entregan componentes dinamizadores del aprendizaje, basados en el diálogo y la expresión creativa.

Como la fe en los demás se gana con comunicación, entendamos las palabras de Daniel Prieto Castillo (2006) cuando reflexiona sobre el aprendizaje como clave de la educomunicación: “Es muy difícil aprender de alguien con quien poco me comunico, mal me comunico o no me comunico, es muy difícil aprender de alguien con quien no comparto tiempos, porque ni él ni yo los tenemos, es muy difícil aprender de alguien en quien no creo, es muy difícil enseñar, promover y acompañar el aprendizaje de las jóvenes y los jóvenes  estudiantes si ha sido minada mi voluntad de aprender.”

No minemos la voluntad de aprender de los estudiantes, generemos modelos pedagógicos que satisfagan los anhelos de la colectividad, cambiemos la visión del aprendizaje como servicio civil obligatorio, promoviendo procesos reflexivos basados en la experiencia, que sean relevantes socialmente y que le permitan al  estudiante trascenderse como profesional y como ser. Dejemos de vender productos para vender procesos de formación, basados en competencias emocionales, competencias vivenciales y por supuesto profesionales, pero sobre todo donde la  interactividad como forma de autismo se convierta en  interlocución, intercomunicación e interacción, formas propias del diálogo, que emergen ante la imposibilidad de que la autoridad del maestro destroce la autonomía del alumno, donde los procesos de aprendizaje sean mutuos y dejemos de ver la educación, tal como recomendó Savater, “como simple preparación encaminada al conocimiento y desarrollo de una serie de destrezas de tipo instrumental, que nos permiten acceder a un desempeño laboral. La educación debe formar a un ciudadano integral, completo, con sentido de sus obligaciones, con respeto a lo que hay que respetar y también con la capacidad crítica y de autonomía frente al poder cuando éste no funciona como es debido”.

“Es absurdo que los educadores esperen a que la sociedad mejore para educar bien, porque su deber es educar bien para que la sociedad mejore” (Rodríguez, 2001).

Por Olga Lucía Sierra, Docente Programa Comunicación Audiovisual y Multimedios, Fundación Universitaria del Área Andina, seccional Pereira.

BIBLIOGRAFÍA.

NARANJO, Claudio. Cambiar la educación para cambiar el mundo. Editorial Cuarto Propio. 2007.

OROZCO, B. De lo profesional a la formación en competencias. Formación en competencias y certificación profesional México: Centro de Estudios Sobré la Universidad. UNAM. 2000

PRIETO Castillo, Daniel. El interparendizaje como clave de la educomunicación, en Mediaciones, Nº 6, 2006. Universidad Minuto de Dios, Bogotá (Colombia).

RODRÍGUEZ Sofía. El ciudadano ideal de Savater. “Educación es lucha contra la fatalidad social”. (Entrevista a Fernando Savater). El Tiempo 2001 Dic 16; Suplemento, p. 6,7.

 

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