La importancia de la regla

Publicado: marzo 7, 2012 en Uncategorized
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Mi hermano siempre quiso ser veterinario, y lo logró. Yo siempre quise ser futbolista y tuve la oportunidad de cumplir mi deseo hasta que mi rodilla derecha me lo impidió, a causa de una rotura de ligamentos cruzados ocasionada por un jugador adversario que parecía no conocer las reglas básicas del juego.

Juan Pablo Montoya desde muy pequeño quiso correr en la Fórmula 1. Condujo un carro por primera vez a muy corta edad, solo en el momento en que su padre estuvo seguro de que conociera las normas básicas para ello. Por mucho que el hoy corredor de las Nascar Series pataleó, el sentido común le indicó a quienes lo formaron en dicha disciplina, que era inconveniente que el pequeño acelerara sin saber que un semáforo en rojo significaba que debía detener la marcha, por su seguridad y la de los demás.

Otra cosa hubiera sucedido en el presente de Montoya, y quizá en el futuro de muchos de los que nos relacionamos directa o indirectamente con él, si sus profesores hubieran decidido dejar su aprendizaje en manos de alguien que desconociera la importancia de dominar las reglas básicas del deporte –o la disciplina- antes de iniciar su práctica.

Si alguien que no sabe manejar un carro pide el mío prestado, lo primero que me interesaría hacer es explicarle: “Rojo, pare y verde, siga”. No quiero que ese aprendizaje lo obtenga solo a través la repetición de acciones, por más relevantes que ellas sean. No quiero que aprenda esta sencilla lección cuando por casualidad, a la quinta vez que pase un semáforo en rojo, destruya mi carro, en este caso, con un alto impacto adicional para la seguridad e integridad de terceros. Quiero que lo aprenda antes de que eso pase.

La práctica es fundamental en cualquier aprendizaje. Sí. Pero es poco rentable, en términos de tiempo, esfuerzo e incluso motivación, pretender enseñar esperando que los aprendices interioricen conocimiento pertinente para un desempeño particular, sin conocer y dominar las reglas básicas de dicho ejercicio, acción o disciplina que se enseña. Bien hubiera podido tener eso en cuenta el que formó al que me reventó la rodilla de una patada. El juego limpio como regla básica de los deportes, por no decir, de la vida misma. Adiós rodilla. Adiós sueño.

Por eso, si su deseo es comunicar, en cualquiera de sus modalidades, usted solo será exitoso, y el ejercicio comunicativo será efectivo, si conoce las reglas básicas de la comunicación. Parece obvio. Si quiere que lo oiga su interlocutor, use un tono de voz adecuado y un volumen que lo permita. Si no lo hace, es posible que, aun si está diciendo cosas impresionantemente brillantes y sobrecogedoras, su esfuerzo no sirva de absolutamente nada.  ¿Qué queda de la Quinta Sinfonía de Beethoven interpretada o grabada y emitida con fallas básicas en el sonido? Lo mismo que pasaría si la obra maestra de la literatura colombiana se llamara ‘Sien, anos de Zoledad’. Comunicación no efectiva. Adiós Nobel.

Si quiere por tanto comunicar desde lo escrito, debe no solo utilizar un estilo acorde con la intencionalidad y el alcance del texto, sino conocer las reglas básicas de ortografía y redacción. Y digo, por ahora, las básicas.

Pero si quiere ser comunicador y, en ese sentido, usar la escritura como un mecanismo para hacerlo mediante una novela, un cuento, un texto periodístico, un guion, los créditos o subtítulos de un audiovisual, la reseña de una exposición fotográfica, una página Web, debe entonces ya no conocer únicamente las reglas básicas, sino dominar las reglas ortográficas y gramaticales a profundidad.

Si opta usted por perseguir su sueño, sea el que sea, sin comunicar, de seguro fracasará. Si se decide, además, por perseguir uno que implique la dedicación a una disciplina de la Comunicación, como la audiovisual y la mutimedial, es su deber escribir bien. Y para ello hay que saber, antes de oprimir la primera letra en el teclado, qué son palabras agudas y cuándo llevan tilde, así como todas las reglas ortográficas y de redacción que le permitirán, como a Juan Pablo Montoya, no aprender la lección del “rojo, pare” luego de fracturarse cuatro costillas por amor al arte.

En un país en el que la cultura y el sentido común indican que las normas y reglas están hechas para ser incumplidas, lo que nos ha condenado a una historia llena de obstáculos autoimpuestos que impiden el logro de niveles superiores de desarrollo económico con equidad y el alcanzar una paz duradera, me niego a que las universidades sigamos graduando estudiantes que escriban y no entiendan la importancia de cumplir las reglas ortográficas. Me niego a prestar mi firma para graduar comunicadores que parecen creer que la ortografía consiste en escribir con el orto.

Las universidades no podemos seguir justificando nuestra propia ineficiencia en la transmisión de competencias lecto-escritoras en las evidentes falencias de la educación básica para hacerlo. Eso sería como decir que está bien robar porque estamos en un país de ladrones.  Y así, qué pena con ustedes, no es la cosa.

Imagen tomada de:http://migueleliaspumarejo.blogspot.com/2011_07_01_archive.html

Por Santiago Gómez Mejía- Director del Programa de Comunicación Audiovisual y Multimedios, Fundación Universitaria del Área Andina, seccional Pereira.

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