Género: el cine, nuestro cine.

Publicado: febrero 12, 2014 en Uncategorized

¿Cómo organizamos nuestras películas? ¿Las guardamos todas juntas, las ubicamos indiscriminadamente en algún lugar de nuestra casa, de nuestro computador, nuestros recuerdos? ¿O como con mucho de lo que consumimos, tenemos y conocemos, lo hacemos por categorías; por una suerte de relación vía similitud o cercanía en algunas de sus características más básicas? Esto nos estamos preguntando en el comité editorial de Cine CAM, cineclub de la Facultad, y como creo que es una discusión que merece múltiples visiones, he decidido empezar a dar la mía desde esta tribuna de El Cortavientos —ya que se me da la oportunidad— esperando que, al menos, nos acompañen en este proceso. 

Ahora bien, me he planteado esta pregunta precisamente desde nuestra relación con el cine en el sentido humano y no desde su componente conceptual no para omitir lo que nos proponen los teóricos —faltaría más— sino para defender la idea de una organización que, aunque justificada y justificable en términos investigativo–teóricos, sea más nuestra, más natural, más acorde a los productos cinematográficos y audiovisuales que consumimos y producimos. Pero ¿cómo llegar a un punto de encuentro sin derivar en una tesis doctoral que explore el género desde lo, pongamos, cognitivo, o diga usted, psico-social o cinéfilo-estético? No lo sé, quisiera saberlo, que alguien me lo diga o que entre todos lleguemos a un acuerdo que nos sea coherente y práctico. Por ahora, hagamos esas preguntas de la manera más sencilla posible sin post-doctorarnos en el intento. Para dicha tarea he querido plantearme (en principio solo para mi, como ejercicio inductivo, pero para compartir con ustedes, por supuesto) la siguiente hoja de ruta compuesta por tres preguntas:

(1) ¿Vale la pena tener algún tipo de derrotero que nos permita definir qué películas se muestran, con qué frecuencia, pertenecientes a qué sub-géneros, corrientes y tendencias?

(2) ¿Debemos definir una corriente teórica (o práctica) para guiarnos por ella y así decidir los géneros a seguir, o por el contrario, proponer una mezcla entre ambas opciones?

(3) Ahora, una vez escogido un derrotero ¿será éste proceso de utilidad para la formación profesional y cultural de nuestros estudiantes?

Vamos allá.

El valor de la organización (1). Dando respuesta a nuestra primera pregunta: sí, si no valiera la pena esta duda conjunta del comité editorial de Cine CAM (Carlos A. Gutiérrez, Luis Aldana, Unai Virto, Franklin Molano, Olga Lucía Sierra y demás dignatarios, Etc) no nos tendría discutiendo reunión tras reunión qué ordenamiento darle a la programación fílmica y videográfica del Cine CAM para que: a) se mantenga como un foro de aprendizaje y discusión sobre el fenómeno cinematográfico b) permita la interacción entre docentes y alumnos en torno a una de las actividades más fundamentales a la hora de asir el lenguaje audiovisual: la mirada crítica, y c) a medida que fomente el uso de la terminología apropiada y el incremento de conocimientos generales sobre el audiovisual mismo, permita que los estudiantes observen —siempre desde un espíritu reflexivo— cómo lo que aprenden en la universidad puede ser utilizado en la vida post-académica.

Sobre lo teórico (2). En este apartado probablemente termine esbozando una nueva serie de preguntas pero quisiera que de ser así, estas nos invitaran a tomar una postura argumentada acerca del camino a seguir, porque nuestras posibilidades son muchas y son variadas. Partamos del supuesto de que escogeremos una corriente teórica ¿cuál será? Si decidimos empezar por el fenómeno fílmico mismo podremos hacer un recorrido por Aumont, Barthes, Bordwell, Metz, Deleuse, Cassetti, Buckland, entre muchos más; estudiaremos, a algunos les veremos sus peros, a algunos no, y tomaremos una decisión. Luego nos encontraremos (ojalá) con alguien que nos zarandee nuestro sustento teórico y nos diga: muy bien, se decidieron ustedes por organizar el Cinecam según los géneros clásicos del cine, pero ¿no es el cine, todo el cine (es decir el de ficción y el documental, el de fantasía y el de drama y el de acción) un ejercicio de narración? ¿Y si lo que digo es cierto, no valdría la pena que designaran como sus principales categorías a los géneros clásicos de la narración, pues, en el sentido greco-romano aristotélico del asunto?  No, no tan rápido. Nuestros contradictores no nos han abandonado. En el momento en que hemos decidido combinar lo clásico greco-romano con lo clásico fílmico nos topamos con otro grupo tal vez un poco más fundamentalista de la cinefilia que nos cuestiona ¿y en dónde quedan el Sci-fi, el Western, el Cine Negro y el de Gangster? ¿acaso el Neorealismo no tiene cabida, el Dogma, lo Indie y el horror, y el serie B y el de cine autor no existen? Y entonces se nos han aumentado las variables, de ‘cinco’ a ‘treinta’ en lo que duran dos conversaciones. Pero, por supuesto, no hemos tenido en cuenta a aquel que quiere un género de director, otro de guión y otro político.

Y volvemos al principio, a buscar una teoría que se ajuste a nuestras necesidades. Así las cosas, pensamos en revisar (sin abandonar nuestra búsqueda teórica) en las experiencias de otros aquello que nos funcione. ¿Usamos la clasificación de organizaciones como IMDB, Netflix, Itunes Store, Hulu o Amazon Prime Video? ¿nos conseguimos las bases de datos que solían tener Betatonio, Blockbuster o tomamos Filmaffinity? No es tan fácil ¿conseguiremos una justificación o encontraremos que son, al menos los que se encuentran a nuestra disponsición hoy, una multitud de algoritmos computarizados, de fórmulas más viciadas por el negocio que por un deseo de organización? Y si la tienen —la justificación—, que no estaría mal ¿incluye esta una sustentación teórica que nos convenza y nos permita programar? Quizá no. 

Ahora ¿comprenden ustedes la magnitud de esta discusión? Para algunos puede parecer pueril, para nosotros no. Uno de los sustentos fundamentales de los comunicadores con tendencias audiovisuales y digitales (quienes no dejan de estar comunicando visiones de mundo a través de encuadres de una pantalla —o miles de ellas, al menos por ahora) no es otro que el buen uso del lenguaje audiovisual, un sistema sígnico que lleva siglos en construcción pero que en los últimos ciento cincuenta se ha desarrollado y establecido como ningún otro, y que permea toda nuestro aparato cognitivo.

Por eso creo que definir una serie de categorías cinéfilas y nuestras, con bases teóricas pero prácticas, que nos permitan establecer criterios de programación del Cine CAM, nuestro cineclub, es una tarea de inmensa utilidad en el desarrollo académico y profesional de nuestros estudiantes. Con todo, queda a su disposición —quizá de manera extensa— esta duda que nos ha acompañado desde el principio de este semestre. Por eso, como con seguridad habrán notado y como fue mi intención desde el principio, no he propuesto nada de forma directa porque quiero, o al menos es mi deseo, escuchar algunos argumentos más antes de exponer mi posición. 

Por: Ricardo Bustamante

@richitelli

Fundación Universitaria del Área Andina

Docente Comunicación Audiovisual y Multimedios

 

 

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